Mujer Cafam 2026

Ciencia que conecta comunidades: Mireya Osorio, egresada de Biología de Uniandes, recibe el Premio Mujer Cafam Amazonas 2026
Premio Mujer Cafam Amazonas 2026

Un reconocimiento al liderazgo social femenino

Creado en 1988, el Premio Cafam a la Mujer se ha consolidado como uno de los reconocimientos más importantes del país al liderazgo social femenino. Cada año se destacan mujeres de diferentes departamentos de Colombia que lideran iniciativas capaces de generar transformaciones sociales en sus territorios, ya sea a través de proyectos educativos, ambientales, culturales o comunitarios.

Más que reconocer logros individuales, el premio busca visibilizar el trabajo de mujeres que, muchas veces desde regiones apartadas, impulsan procesos colectivos que mejoran la vida de sus comunidades y fortalecen el tejido social.

Mujeres llenas de vida

En Colombia existen historias de liderazgo social que nacen lejos de los reflectores y que transforman territorios a través del conocimiento, la educación y el trabajo comunitario. Desde hace más de tres décadas, el Premio Cafam a la Mujer busca visibilizar precisamente ese tipo de trayectorias: mujeres que, desde distintos rincones del país, impulsan procesos sociales capaces de mejorar la vida de sus comunidades.

En la edición más reciente de este reconocimiento, una de las mujeres destacadas fue Mireya Osorio Ramírez, bióloga egresada de la Facultad de Ciencias de la Universidad de los Andes, cuyo trabajo ha estado dedicado a tender puentes entre la ciencia, el arte, las comunidades y la biodiversidad.

Mireya Osorio
Mireya Osorio

Mujer Cafam 2026

“Ha sido una sorpresa. Lo he podido vivir con mucha gratitud y también con mucha humildad al escuchar
a otras mujeres y conocer el trabajo tan arduo que hacen desde sus fundaciones y procesos comunitarios”
Mireya Osorio

Para Mireya Osorio, recibir este reconocimiento fue ante todo una experiencia marcada por el encuentro con otras lideresas del país. “Ha sido una sorpresa. Lo he podido vivir con mucha gratitud y también con mucha humildad al escuchar a otras mujeres y conocer el trabajo tan arduo que hacen desde sus fundaciones y procesos comunitarios”, afirma. Para ella, el premio no representa tanto un logro personal como el resultado de un camino construido junto a muchas personas. “Al final, más que sentirlo como un logro individual, lo veo como el resultado de un camino que he construido con muchas personas, formando redes con comunidades, colegas, estudiantes, artistas, científicos y aliados que creemos que el conocimiento debe estar al servicio de todos.”

Ese reconocimiento también lo entiende como un compromiso. “Es un recordatorio del privilegio de tener una familia que me apoya, de haber podido estudiar y de haber conocido a tantas personas en el camino”, explica, señalando que la ciencia cobra un sentido más profundo cuando logra conectar con las personas y despertar curiosidad por el mundo que nos rodea.

Un vínculo que comenzó en la Universidad de los Andes


El camino que llevó a Mireya Osorio a trabajar con comunidades amazónicas comenzó durante su formación como bióloga en la Universidad de los Andes. Como ella misma recuerda, su relación con el Amazonas inició, como para muchas personas, a través de documentales, fotografías y lecturas. Sin embargo, la experiencia directa con el territorio llegó durante su paso por la universidad.

“Tomé una asignatura que se llamaba Mamíferos Acuáticos, cuya salida de campo era en Puerto Nariño. Ese viaje marcó mi vida”, cuenta. A partir de esa experiencia tuvo la oportunidad de realizar su trabajo de grado con la Fundación Omacha, lo que fortaleció su vínculo con la región amazónica.

Pero más que encontrar respuestas científicas, ese encuentro con el territorio abrió nuevas preguntas sobre la relación entre las personas y la naturaleza. “En el Amazonas, más que encontrar respuestas científicas, encontré preguntas sobre cómo nos relacionamos con la naturaleza y con los otros”, explica. El trabajo con comunidades indígenas, pescadores artesanales, mujeres y colectivos del territorio transformó su manera de entender la biodiversidad, que dejó de ser únicamente un objeto de estudio para convertirse también en un proceso de diálogo entre distintos saberes.

Ese aprendizaje marcó su trayectoria profesional y también su vida personal. Desde entonces, el Amazonas ha permanecido como un vínculo profundo que se refleja en su trabajo con comunidades, en proyectos con colectivos de mujeres artesanas e incluso en la forma en que ha transmitido valores de respeto por la naturaleza en su vida familiar. A lo largo de los años también ha tenido la oportunidad de enseñar en distintos niveles educativos —desde niños hasta adultos mayores— y hoy trabaja en iniciativas de divulgación científica desde la Universidad de los Andes, buscando nuevas formas de contar las historias de la biodiversidad.

Aprender a escuchar en el territorio

Trabajar directamente con comunidades también implicó enfrentar retos importantes y replantear algunas ideas sobre la relación entre ciencia y territorio. Uno de los primeros aprendizajes fue comprender que el conocimiento científico no puede llegar a las comunidades como una verdad única que se impone desde la academia.

“Primero hay que construir confianza, entender los contextos y aprender a construir juntos”, señala. En ese proceso, explica, escuchar se convierte en una habilidad fundamental, pues permite reconocer que existen distintas formas de comprender el mundo que son igualmente valiosas.

Esa experiencia también implicó adaptarse a los tiempos propios del trabajo comunitario. A diferencia de los ritmos académicos, los procesos en territorio requieren constancia, paciencia y la construcción gradual de relaciones de confianza. Además, trabajar con comunidades permite comprender que las prioridades de la conservación no siempre coinciden con las urgencias de quienes dependen directamente del territorio para su vida cotidiana.

Mireya Osorio - imagen Cafam

Un mensaje para las nuevas generaciones

El reconocimiento del Premio Cafam también ha sido una oportunidad para reflexionar sobre el papel de las nuevas generaciones de científicas y científicos. Para Mireya Osorio, quienes se interesan por la ciencia deben conservar siempre la curiosidad y la sensibilidad frente al mundo que los rodea.

“Siempre les digo que no pierdan la curiosidad ni la sensibilidad, y que recuerden que solo cuando trabajamos en equipo, cuando logramos sacudirnos los egos y formar redes de trabajo, es cuando realmente podemos llegar lejos”, afirma.

En su opinión, la ciencia necesita rigor, pero también personas capaces de hacerse preguntas profundas y de mirar el mundo con asombro. En ese contexto, cada vez resulta más importante explorar nuevas formas de comunicar el conocimiento, poniendo en diálogo la ciencia con el arte, la educación, la ilustración o el audiovisual para llegar a públicos más amplios.

También recuerda que el impacto no necesariamente comienza con grandes proyectos. Muchas veces, explica, los procesos de transformación pueden iniciar en espacios cercanos, conversando con vecinos, colegas o estudiantes, y construyendo poco a poco redes de conocimiento y colaboración.

Cuando la ciencia llega a las personas

Uno de los ejes centrales del trabajo de Osorio es acercar la ciencia a las comunidades y abrir espacios para que más personas puedan relacionarse con el conocimiento científico. Para ella, la ciencia tiene el poder de ayudarnos a comprender el mundo, maravillarnos y formular nuevas preguntas, pero ese potencial solo se vuelve verdaderamente transformador cuando el conocimiento se comparte y se conecta con la vida cotidiana de las personas.

A lo largo de su trayectoria ha observado cómo el contacto directo con la biodiversidad puede generar cambios en la forma en que las personas se relacionan con su entorno. Cuando alguien logra observar la naturaleza de cerca, comprenderla y sentir curiosidad por ella, explica, se transforma la manera de hablar sobre ella y de compartir ese conocimiento con otros. De esa forma comienzan a formarse redes de aprendizaje y cuidado, donde la curiosidad se convierte en una herramienta poderosa para fortalecer la conservación.

Por esta razón insiste en que divulgar ciencia no significa simplificarla ni convertirla en una estrategia de marketing, sino abrir puertas para que más personas puedan apropiarse del conocimiento y participar en las decisiones que afectan nuestro futuro colectivo.

Mireya Osorio

Historias que conectan territorios

Más allá de su propia trayectoria, Mireya Osorio destaca que uno de los valores más importantes del Premio Cafam a la Mujer es la oportunidad de conocer historias de liderazgo femenino en distintos territorios del país.

Escuchar a otras mujeres que trabajan en silencio por sus comunidades le permitió reconocer la fuerza que tienen los territorios colombianos cuando las mujeres lideran procesos de transformación social. Según explica, el premio cumple un papel fundamental al visibilizar esos esfuerzos que ocurren lejos de los grandes centros urbanos y que, sin embargo, sostienen la vida, la cultura y la esperanza de muchas comunidades.

Al reflexionar sobre su propio camino, Osorio insiste en que los cambios reales no dependen de esfuerzos individuales. “Nuestra biodiversidad no necesita héroes solitarios; necesita comunidades conectadas”, afirma. Y concluye con una idea que resume su experiencia de trabajo en ciencia y territorio: los cambios verdaderos surgen cuando las personas se organizan en redes, colaboran y se atreven a sembrar nuevas preguntas sobre el mundo que habitan.